Travesía de la Cueva de las Lendreras: calentando motores

La Cueva de las Lendreras se encuentra en Tolibia de Abajo, núcleo del municipio de Valdelugueros, en la provincia de León (Castilla y León), dentro de la Reserva de la Biosfera de Los Argüellos. Se trata de una travesía que conecta dos bocas diferentes, con más de 2 km de recorrido y un curso activo de agua subterráneo, y está considerada una actividad de nivel avanzado. El entorno tampoco tiene desperdicio: Valdelugueros conserva ocho puentes romanos sobre el río Curueño y sus afluentes. EspeleoAguilas eligió esta travesía el sábado como calentamiento antes de afrontar la Cueva de Valporquero, en Vegacervera.

Cueva de las Lendreras

El coche se dejó en las coordenadas WGS84 42°57'07.0"N 5°24'00.2"W, muy cerca de un puente romano. Tras equiparse y cruzar sobre el trasvase, EspeleoAguilas recorrió el valle en busca de la boca. Al principio el paso es muy cerrado y hay que ir cruzando el río de una orilla a otra para esquivar la vegetación, pero a medida que pasan los minutos el valle se abre hasta llegar a un corral de ganado. Allí hay que coger el camino de la izquierda y desde lo alto, se asoma, la entrada a la Cueva de las Lendreras, a mitad de ladera. Se llega por un sendero que arranca en el camino y culmina justo en la puerta, en las coordenadas aproximadas 42°57'25.2"N 5°23'32.2"W. El recorrido dura unos quince o veinte minutos.

Cueva de las Lendreras
Cueva de las Lendreras
Cueva de las Lendreras
Cueva de las Lendreras
Cueva de las Lendreras

Nada más entrar, una gran sala da la bienvenida y regala las primeras fotografías. No es necesario colocarse el equipo de progresión vertical hasta el primer descenso, ya que antes hay algunos pasos estrechos. La sala se va estrechando, hay un pequeño paso aéreo protegido con una cuerda de seguridad y, tras unas formaciones, aparece el primer pozo. Se puede saltar a una oquedad situada enfrente y girar para aparecer en la base, o descenderlo directamente con mucho cuidado, ya que hay abundantes puntos de apoyo para pies y manos.

En la base llega la primera estrechez, bastante apretada y casi imposible de pasar con el equipo puesto. Tras ella hay una zona de barro de difícil progresión que desemboca en una sala con un pozo, un camino que vuelve por el rumbo de entrada y un tubo al frente que hay que seguir. Allí está el primer descenso, que el día de la visita estaba instalado con una cuerda anclada a dos formaciones. Hay espacio y una buena plataforma para equiparse antes de bajar. En el fondo de este pozo se encuentra el último rápel, con cabecera de químicos, y una cuerda de 40 metros resulta perfecta para el descenso en rampa hasta el lago.

Abajo se guarda el equipo y empieza la parte más larga de la travesía: andar y andar, casi siempre de pie y con comodidad, aunque con tramos en los que hay que encorvarse un poco y algunos pasos estrechos de arrastre que después vuelven a abrirse. Una vez se alcanza el río, se transita cómodamente casi todo el tiempo. Al alejarse de él reaparecen las gateras y llega una encrucijada donde hay que seguir siempre recto, guiándose por unas flechas hechas con piedras que indican qué gatera tomar. La última, muy larga, termina en un paso de arrastre que se pasa con lo justo; conviene hacerlo con una mano por delante para que los hombros no se atasquen. Superado ese tramo ya se puede ir de pie y, a los quince minutos, aparece la boca, no sin antes cruzar el Paso de las Termópilas, que conviene hacer por arriba.

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Lo mejor de todo: la salida queda justo al lado del coche. EspeleoAguilas cierra así un buen calentamiento en la Cueva de las Lendreras, con ganas de lo que viene en Valporquero.

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